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Mensajera del Señor

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    Capitulo 27—Principios de Salud/4
    Principios y Normas

    “Téngase siempre presente que el gran objeto de la reforma higiénica es asegurar el más alto desarrollo posible de la mente, el alma y el cuerpo.Todas las leyes de la naturaleza —que son las leyes de Dios— han sido ideadas para nuestro bien. Su obediencia promoverá nuestra felicidad en esta vida, y nos ayudará a prepararnos para la vida futura”. 1Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 25. Ver también pp. 273-274,310.MDS 310.1

    Elena de White expuso ciertas pautas que ayudarían a todos a efectuar decisiones positivas y progresistas, especialmente con respecto a la reforma pro salud. El primer principio, que se aplica a todas las áreas de las responsabilidades cristianas, es que cada uno conozca por sí mismo cuál es su “deber conocido”. En cualquier momento dado, un “deber conocido” puede no ser el mismo para dos personas, quienesquiera que sean. Sin embargo, resistirse a un “deber conocido”, poco o mucho, revela el corazón de un rebelde, un problema más profundo que un asunto de dieta. 2Mensajes selectos, t.1, p. 464. Ver también p. 274.MDS 310.2

    En 1893 Elena de White escribió: “Nadie puede creer con el corazón para la justicia y obtener así la justificación por la fe mientras continúe en la práctica de aquellas cosas que prohíbe la Palabra de Dios, o mientras descuide cualquier deber conocido”. 3Ibid.MDS 310.3

    Descuidar un “deber conocido” causará “debilidad y oscuridad, y nos someterá a una tremenda tentación”. 4Mensajes selectos, t. 2, p. 67. En otras palabras, oír las instrucciones que Dios confirmó a través de Elena de White pero no incorporarlas a la vida de uno, abre la puerta a otras tentaciones y a las tinieblas espirituales.MDS 310.4

    El segundo principio es que debiéramos hacer lo mejor posible bajo toda circunstancia. Por ejemplo, en los días cuando no había suplementos nutricionales, o cuando no se podía conseguir fácilmente una variedad de vegetales y frutas, Elena de White sugirió que el jugo de uva en la mejor forma disponible era apropiado como un suplemento alimenticio para propósitos medicinales.5Testimonies, t. 2, pp. 384, 386. En el siglo XIX no se había ideado ningún método para impedir que se fermentase el jugo de uva, excepto con hielo (la que no era una alternativa práctica). Cuando los White usaban la expresión “vino doméstico” se referían al jugo de uva tan libre de fermentación como fuese posible. Con referencia a los servicios de comunión [o Santa Cena], Jaime White aconsejó en 1867: “Esta actitud de objetar que se usen unas pocas gotas de vino doméstico con las que sólo se humedecen los labios en la Cena del Señor, es llevar el principio de la abstinencia total a un escrúpulo excesivo... Sepan ustedes lo que usan. Que los diáconos obtengan la uva cultivada, que vean que se haga el vino y que se lo protege del aire para impedir que se fermente tanto como sea posible”.— Review and Herald, 16 de abril, 1867. Obviamente ella no estaba sugiriendo que debía usarse el vino como una bebida recreativa o como un elemento de la dieta regular de uno.MDS 310.5

    Cuando ella recomendó “vino doméstico” para propósitos medicinales, sabía que la persona enferma necesitaba las propiedades nutritivas de la uva, nutrientes que el cuerpo podría asimilar rápidamente. Considerando las circunstancias, si el vino doméstico contenía un poco de alcohol, aún proveería más beneficio que no tomándolo. En 1868, en uno de sus artículos de preguntas y respuestas, Jaime White escribió: “Durante el año pasado, la Sra. White ha tenido, en tres o cuatro ocasiones, una sensación de gran debilidad y mareo en la mañana... Para prevenir mareos penosos en esos momentos, ella, inmediatamente después de levantarse, tomaba un huevo disuelto en un poco de vino puro, doméstico, quizás una cucharada a la vez, y nunca pensó que esto tenía que ver con drogas, como ella usa el término en sus escritos, más que con el hombre en la luna. Durante el año pasado ella puede haber usado cerca de medio litro de vino (una pinta). El uso de vino se justifica sólo en casos extremos, y entonces permítase ‘un poco de vino’, para estimular suavemente a los que están sumidos en el abatimiento”. 6Review and Herald, 17 de marzo, 1868.MDS 310.6

    En Australia, durante la década de 1890, era difícil encontrar una dieta de calidad y la carne era el alimento más económico disponible. En cierta ocasión, cuando había enfermos en la casa de un vecino, la Sra. White recordó que “en la casa no había nada adecuado para comer. Y ellos rehusaron comer nada que nosotros les lleváramos. Habían estado acostumbrados a la carne. Creimos que debía hacerse algo. Le dije a Sara [McEnterfer]: ‘Saque algunos pollos de mi casa y prepáreles un poco de sopa’... Pronto se recuperaron”.MDS 311.1

    ¿La lección? “Aunque nosotros mismos no usábamos carne, cuando pensábamos que era esencial para esa familia en su tiempo de enfermedad, les dimos lo que creíamos que necesitaban. Hay ocasiones en que debemos encontrar a la gente donde está”. 7 Carta 363, 1907, citada en Consejos sobre el régimen alimenticio, pp. 560-561.MDS 311.2

    Sin embargo, aquí nuevamente se necesita sentido común: el primero y el segundo principio considerados juntos debieran darles sabiduría a la persona que provee el cuidado de la salud y a la persona enferma.MDS 311.3

    El tercer principio es evitar “todo lo perjudicial” y el cuarto, “usar cuerdamente lo que es saludable”. 8Patriarcas y profetas, p. 605.MDS 311.4

    El quinto principio pone énfasis en el dominio propio. “La excesiva indulgencia en comer, beber, dormir, y ver, es pecado”. 9La temperancia, p. 121. “Cada violación del principio en cuanto a comer y a beber embota las facultades de percepción, lo que hace que les resulte imposible apreciar o colocar el debido valor sobre las cosas eternas. Es de la mayor importancia que la humanidad no ignore las consecuencias de los excesos. Se necesita temperancia en todas las cosas para la salud y el desarrollo y crecimiento de un buen carácter cristiano”.— Counsels on Health, p. 38. La indulgencia propia se manifiesta a menudo “en el vestir” y en el “exceso de trabajo”, con lo que se indica que la mente no está “bajo el dominio de la razón y la conciencia”. 10La temperancia, pp. 121-123,129.MDS 311.5

    El sexto principio es que no debiéramos prescribir “un régimen [alimenticio] definido”. 11Joyas de los testimonios, t 3, p. 359. Obviamente, se dieron advertencias claras y precisas sobre ciertos alimentos malsanos. Pero al referirse a la dieta que debiera reemplazar los alimentos perjudiciales, Elena de White trazó pautas amplias, tales como “los cereales, las frutas carnosas, las oleaginosas y las legumbres”. 12El ministerio de curación,pp. 227-228. ¿Por qué trazos amplios sin “líneas precisas”? Porque ella admitía que una dieta saludable debe reconocer diferencias individuales en cuanto al clima, la ocupación y las características físicas. 13 Ver pp. 95-97. El juicio sano de Elena de White se reflejaba en su amonestación contra el extremismo en asuntos de alimentación: “Aquellos que desean ser colaboradores con Dios deben pensar cuidadosamente antes de especificar precisamente qué alimentos debieran comerse y cuáles no. Debiéramos estar en contacto con la gente. Si se enseña la reforma pro salud en su forma más extrema a aquellos cuyas circunstancias les prohíben su adopción, se haría más daño que bien. Cuando predico el Evangelio a los pobres, se me instruye que les diga que coman aquellos alimentos que son más nutritivos... Debe predicarse el Evangelio a los pobres, pero no ha llegado todavía el tiempo para prescribir la dieta más estricta”.— General Conference Bulletin, 2 de junio, 1909, p. 270.MDS 311.6

    El séptimo principio revela una actitud solícita y compasiva: no debiera urgirse una dieta sin carne hasta tanto estén disponibles los sustitutos apropiados de la proteína y se comprendan las razones para la sustitución de la carne. 14“No hay que instar a nadie a que efectúe este cambio bruscamente. La carne debe reemplazarse con alimentos sanos y baratos... En todos los casos, edúquese la conciencia, apélese a la voluntad, suminístrese alimento bueno y sano, y el cambio se efectuará de buena gana, y en breve cesará la demanda de carne”.— El ministerio de curación, p. 244.MDS 311.7

    El octavo principio destaca la motivación que hay detrás de la reforma pro salud: la reforma pro salud no es un conjunto de deberes por los cuales impresionamos a Dios y ganamos su amor (legalismo). Antes bien, es una revelación más de un Dios amante en cuanto a cómo evitar mejor las circunstancias tristes que resultan de decisiones equivocadas. La reforma pro salud contiene esas instrucciones que apresurarán el desarrollo del carácter y una vida de servicio, lo que es el objeto de la redención y el propósito de la existencia. La reforma pro salud encama un sistema de elecciones que se entiende progresivamente a través de la experiencia. Por esta razón, el consumo de carne, por ejemplo, nunca ha sido una “prueba de discipulado” en la Iglesia Adventista. 15“No hacemos del consumo de la carne una condición para la admisión de los miembros; pero debiéramos considerar la influencia que ejercen sobre otros los creyentes profesos que usan carne... ¿Quieren los que son sostenidos por el diezmo de la tesorería de Dios permitir que la gula envenene la corriente vital que fluye por sus venas?”— Joyas de los testimonios, t. 3, pp. 359-360. “Aun cuando no hacemos del uso de la carne una prueba [de discipulado], aun cuando no queremos forzar a nadie a abandonar su uso, es nuestro deber pedir que ningún ministro de la asociación tome livianamente o se oponga al mensaje de la reforma en este punto”.—Carta 48, 1902, citada en Consejos sobre el régimen alimenticio, pp. 480-481.MDS 311.8

    El noveno principio está mejor expresado en la simple fórmula de Elena de White: “No me constituyo en criterio de ninguna otra persona”. Ella no intentaba ser conciencia para otros, ni hacía “inspecciones” en las mesas de aquellos que seguían más lentamente la luz progresiva. 16Consejos sobre el régimen alimenticio, p, 593; MR, t. 1, p. 223. Note el ejemplo de Cristo: “Mientras Cristo aceptaba invitaciones a fiestas y reuniones, él no participaba de todos los alimentos que se le ofrecían, sino que comía calladamente de aquello que era apropiado para sus necesidades físicas, evitando las muchas cosas que no necesitaba. Sus discípulos eran invitados frecuentemente con él, y la conducta de Cristo era una lección para ellos, enseñándoles a no complacer el apetito al comer en exceso o al comer alimentos impropios”.— MR, t. 7, p. 412.MDS 311.9

    El décimo principio permea los nueve anteriores: Debemos razonar de causa a efecto, lo que está quizás mejor expresado en el consejo de Pablo: “Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gál. 6:7). 17“Considero que una razón por la cual he podido hacer tanto trabajo, tanto en la predicación como en escribir, es porque me adhiero estrictamente a la temperancia en mi manera de comer. Si se colocan delante de mí varias clases de alimentos, trato de escoger solamente los que yo sé que me caen bien. Así me capacito para mantener claras mis facultades mentales. Rehúso colocar en mi estómago a sabiendas cualquier cosa que produzca fermentación. Este es el deber de todos los reformadores en pro de la salud. Debemos razonar de la causa al efecto”.—Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 592.MDS 311.10

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