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Mensajera del Señor

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    La devoción de Elena G. de White a Jesús

    Elena de White respondió de todo corazón a este amor, e hizo de esto un tema sobresaliente en sus escritos. Doquiera uno se detiene en sus voluminosos libros y cartas a la familia, los amigos y los colaboradores, uno ve evidencias de su profundo amor por el Salvador. Muchos de aquellos cuyo primer contacto con los adventistas fue a través de los escritos de Elena de White han expresado asombro ante su clara conciencia y su profundo aprecio hacia las dimensiones del “Don” de nuestro Dios a este planeta rebelde.MDS 5.3

    Sus percepciones espirituales comenzaron temprano. En sus primeros años de la adolescencia, afectada profundamente por la predicación de Guillermo Miller, ella anhelaba una experiencia espiritual más profunda: “Mientras oraba, me abandonaron la carga y la agonía que durante tanto tiempo me habían oprimido, y la bendición de Dios descendió sobre mí como suave rocío. Di gloria a Dios por lo que sentía, pero deseaba más. Sólo la plenitud de Dios podía satisfacerme. Llenaba mi alma con un amor inefable hacia el Señor Jesús”. 6Primeros escritos, p. 12.MDS 5.4

    Sobre todas las cosas, Elena de White fueuna persona espiritual, llena de aprecio por su Salvador y Señor. Este sentido personal de la presencia de Dios la puso en contacto directo con Dios, permitiéndole a la Divinidad revelar mucho más de sí y de sus planes para este mundo. Su experiencia personal al responder al simple Evangelio precedió a la teología; Jesús fue la médula y el centro de todo su pensamiento teológico.MDS 5.5

    He aquí un ejemplo de cómo en ella el tema de exaltar a Jesús lo domina todo: “Será beneficioso contemplar la divina condescendencia, el sacrificio, la abnegación, la humillación, la resistencia que el Hijo de Dios encontró al hacer su trabajo por los hombres caídos. Al contemplar sus sufrimientos, bien podríamos adelantamos y exclamar: ¡Asom-brosa condescendencia! Los ángeles se maravillan, mientas con intenso interés observan al Hijo de Dios descendiendo paso a paso por el sendero de la humillación. Es el misterio de la piedad. Es la gloria de Dios encubrirse a sí mismo y sus caminos, no manteniendo a los hombres en ignorancia de la luz y el conocimiento celestiales, sino sobrepujando la más elevada capacidad de los hombres de conocer. La humanidad puede comprender en parte, pero eso es todo lo que el hombre puede llevar. El amor de Cristo sobrepasa el conocimiento. El misterio de la redención continuará siendo el misterio, la ciencia inagotable y el canto perdurable por la eternidad Bien puede la humanidad exclamar: ¿Quién puede conocer a Dios? Podríamos, como hizo Elias, envolvemos en nuestro manto y prestar atención a la suave y pequeña voz de Dios”. 7Bible Echo, 30 de abril, 1894.MDS 5.6

    Elena de White caminó con Jesús en los tiempos buenos y en los malos. Escribiendo a su hijo William y a su joven esposa, Mary, habló del compañerismo que tuvo con su esposo Jaime y de su viaje juntos por la vida: “Estamos tratando de seguir humildemente en las huellas de nuestro querido Salvador. Necesitamos su Espíritu y su gracia a cada hora, o si no cometeremos errores crasos y peijudicaremos [a otros]”. 8Carta 18, 1879, citada en Arthur White, Ellen G. White Biography, t. 3 (Washington, D.C.: Review and Herald Publishing Association, 1984), p. 105. De aquí en adelante las referencias a la biografía de Arthur White sobre Elena de White, seis tomos, se harán con la abreviatura Bio., seguida por el número de tomo y las páginas.MDS 5.7

    Unas pocas semanas más tarde, durante un viaje muy penoso en un carruaje cubierto, desde Texas hasta Kansas, le escribió nueva- mente a Mary: “Estoy agotada y me siento como si tuviese 100 años de edad... Mi ambición ha desaparecido; mi fuerza se ha acabado, pero esto no durará... Espero que por la luz animadora del rostro de mi Salvador, tendré la capacidad de rehacerme”. 9Carta 20, 1879, citada en Id, p. 117.MDS 5.8

    Contemplando la Navidad en 1880, ahora con 53 años, le escribió a una amiga: “La Navidad será dedicada a buscar a Jesús para que sea un huésped bienvenido en mi corazón. Su presencia alejará todas las sombras”. 10Carta 51, 1880, citada en Id., p. 149.MDS 6.1

    Elena de White escribió centenares de artículos tanto para la Review and Herald como para Signs of the Times. Casi cada artículo contenía alguna referencia a su Señor, quien había llegado a ser no sólo su fortaleza sino el gozo de su vida. A los 69 años, escribió: “Me encanta hablar de Jesús y de su incomparable amor... Sé que él es capaz de salvar a lo sumo a todos los que acuden a él. Su precioso amor es una realidad para mí, y las dudas expresadas por aquellos que no conocen al Señor Jesucristo, no tienen efecto sobre mí... ¿Cree usted que Jesús es su Salvador, y que él ha manifestado su amor por usted dando su preciosa vida para su salvación? Aférrese a Jesús como su Salvador personal. Acuda a él tal como usted está; entréguese a él; acójase a su promesa por la fe viviente, y él será para usted todo lo que usted desea”. 11Review and Herald, 23 de junio, 1896.MDS 6.2

    Elena de White consideraba a Jesús como su Salvador y su mejor Amigo. 12Ver James Nix, “Oh, Jesus, How I Love You!”, Adventist Review, 30 de mayo, 1996, pp. 10-14..Pero más que eso, él era su Señor. En Europa se le dijo que la gente seria más receptiva al mensaje adventista, “si nos explayamos en el amor de Jesús”. Advirtieron que había “peligro de perder nuestras congregaciones si nos extendemos en las cuestiones más estrictas del deber y la ley de Dios”.MDS 6.3

    Habiendo oído antes ese tipo de plática, escribió así en sus notas de viaje: “Hay una experiencia espúria que prevalece por todas partes. Muchos están diciendo continuamente, ‘Todo lo que tenemos que hacer es creer en Cristo’. Aseveran que la fe es todo lo que necesitamos. En su sentido más pleno, esto es cierto; pero ellos no lo toman en el sentido más pleno. Creer en Jesús es considerarlo como nuestro Redentor y nuestro Modelo. Si moramos en él y él mora en nosotros, somos participantes de su naturaleza divina y hacedores de su palabra. El amor de Jesús en el corazón nos conducirá a la obediencia de todos sus mandamientos. Pero el amor que no va más allá de las palabras, es un engaño; no salvará a ningún alma. Muchos rechazan las verdades de la Biblia, a la par que profesan gran amor por Jesús; pero el apóstol Juan declara: ‘El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él’. Mientras Jesús ha hecho todo en lo que respecta a méritos, nosotros tenemos algo que hacer en lo que respecta a cumplir con las condiciones”.13Historical Sketches of the Foreign Missions of the Seventhday Adventists (Basilea, Suiza: Imprimerie Polyglotte, 1886), p. 188; ver también Bio., t. 3, p. 320.MDS 6.4

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