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Mensajera del Señor

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    Falsificaciones en las décadas de 1840 y 1850

    En 1845, antes de su casamiento con Jaime White, Elena Harmon y otros confrontaron a un grupo en New Hampshire que parecía estar firme en el Señor. Ella pronto descubrió que “pretendían poseer una santificación perfecta y declaraban que estaban por encima de la posibilidad de pecar”. Los dirigentes le dijeron: “Todo lo que tenemos que hacer es creer y se nos dará cualquier cosa que le pidamos a Dios”. Esta clase de pensamiento conduce a la creencia “de que los afectos y los deseos de los santificados eran siempre correctos, y nunca había peligro de que los indujeran al pecado”. 5Notas biográficas de Elena G. de White, p. 91. En muchos casos este pensamiento condujo al amor Ubre con todas sus peores consecuencias.MDS 194.4

    El grupo que seguía la doctrina del “ocio”, por extraño que pueda parecemos hoy, atrajo seguidores, especialmente aquellos que atendían las necesidades de su dirigente. Primero en Paris, Maine, y luego en Randolph, Massachusetts, Elena Harmon tuvo que reprenderlos, recordando a todos los afectados que “la razón y el juicio” no debían ceder su lugar a las impresiones. “Dios dispuso que los seres creados por él debían trabajar. De esto depende su dicha”. 6Id, p. 95. Ver también p. 50.MDS 194.5

    La humildad falsa, acompañada de una agitación ruidosa de algunas personas en Maine, acarreó desprestigio a los primeros adventistas antes de 1846. La joven Elena informó: “Algunos se figuraban que la religión consiste en mucha excitación y ruido. Solían hablar de manera que irritaba a los incrédulos... Entonces se regocijaban de verse perseguidos... Había algunos que profesaban profunda humildad, y abogaban por la práctica de arrastrarse por el suelo como los chiquillos en prueba de su humildad... Les dije claramente... que la humildad que Dios es- peraba de su pueblo había de manifestarse en una vida semejante a la de Cristo, y no arrastrándose por el suelo”. 7Id., pp. 93-94.MDS 194.6

    La práctica de fijar frecuentemente fecha [para el regreso de Jesús] se transformó en un desastre espiritual para quienes se entregaban a ella y rechazaban la admonición de Elena de White. Ella escribió: “Se fijaron diferentes fechas para que viniera el Señor y se las presentó con insistencia a los hermanos. Pero el Señor me mostró que esas fechas pasarían porque el tiempo de angustia debe ocurrir antes del regreso de Cristo, y que cada vez que se fijaba una fecha y pasaba sin cumplir, eso debilitaría la fe del pueblo de Dios. Por esto se me acusaba de ser el siervo malo que decía: ‘Mi Señor se tarda en venir’ ”. 8 Testimonies, t. 1, p. 72.MDS 195.1

    En la contratapa de la Review del 21 de julio de 1851, Elena de White informó sobre una visión que recibió el 21 de junio: “El Señor me ha mostrado que el mensaje del tercer ángel debe avanzar y proclamarse a los hijos del Señor diseminados en diferentes lugares, y que no debiera depender de una fecha, porque una fecha determinada nunca volverá a ser una prueba. Vi que algunos estaban experimentando un entusiasmo falso al predicar una fecha [para el regreso de Jesús], y que el mensaje del tercer ángel era más fuerte que lo que puede ser una fecha ”.MDS 195.2

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